Amamantar en los tiempos que corren: una elección bajo presión

publicado a la‎(s)‎ 23 may. 2016 7:00 por Veronica Garea   [ actualizado el 23 may. 2016 12:07 ]
Hay una máxima cuasi universal: madres y padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Y elegimos a cada instante: cómo parirlos, cómo alimentarlos, cómo dormirlos, cómo manejar los berrinches, etc, etc. Vivimos en un mundo híperinformado, y podemos elegir libremente basándonos en la información de la que disponemos.

¿Es realmente así?

Sabemos que la manera en que la naturaleza, nuestra biología, determina la alimentación de los bebés es a través de los pechos de su madre. Somos mamíferos antes que homo sapiens. La leche humana está hecha específicamente para el desarrollo de los bebés humanos. Tiene los componentes óptimos para cada momento, para cada bebé. Cambia de madre a madre, y hasta toma a toma para una misma madre. Una mamá expuesta a un virus le pasa a su hijo a través de su leche los anticuerpos que el bebé necesita para no enfermarse o enfermarse más levemente. Gracias a los avances de la ciencia, la proteómica 1 nos dice que nuestra leche tiene el triple de proteínas que la leche de nuestros parientes macacos. La diferencia con la leche de otros mamíferos no simios es muchísimo mayor.

Sin embargo, a la hora de amamantar, las mujeres parecemos Sísifos modernas empujando una piedra contra un montón de barreras, más o menos conscientes, más o menos obvias.



Imagen http://samanthashorey.blogspot.com.ar/2011_02_01_archive.html

Desde la prehistoria la leche humana fue la garantía de supervivencia de los bebés. Limpia, a temperatura adecuada, sin necesidad de cadena de frío ni sujeta a las contaminaciones habituales en la historia de la alimentación hasta la llegada de la pasteurización y la refrigeración. Cuando la humanidad prehistórica eligió qué representar en las primeras manifestaciones del arte incluyó escenas de caza y referencias a la fertilidad a través de las figuras de diosas de caderas y vientres rotundos y pechos enormes y pendulares. La evolución del arte nos muestra el cambio en el lugar de los pechos en la mente colectiva. De las diosas de fertilidad de la prehistoria a la leyenda de la creación de la Vía Láctea, de la María Lactans amamantando al Niño Jesús a la pintura de Gabrielle D'Estrées, amante de Enrique IV de Francia, con sus pechos perfectos en una bañera mientras su hijo es amamantado por una nodriza en la parte de atrás. Llegando a los pechos hoy, usados para vender desde cerveza hasta autos, pero poco vistos en su función primaria: mamas que producen leche para los bebés humanos.

 

Ecole française- Gabrielle d'Estrées au bain -Google Art Project

Ya desde el embarazo empezamos a encontrar barreras que impactan nuestra decisión sobre cómo alimentar a los bebés. Falta de información, desconocimiento de los profesionales de salud acerca del amamantamiento, "no tengo el pezón formado", "las mujeres de mi familia no tuvieron nunca suficiente leche", "es natural, no tenés que hacer nada"... Sumados a la publicidad que nos bombardea día a día con las fórmulas "más parecidas a la leche de mamá"... Todo esto hace que transitemos el embarazo con muchas dudas y hasta llenas información contradictoria que nos deja más confundidas que antes de empezar a averiguar algo sobre la lactancia.

Llegamos al parto muchas veces sin saber que la lactancia es la continuación del proceso fisiológico de gestación y parto. la inmensa mayoría de las mujeres producen leche, las excepciones son pocas y en general acompañadas de circunstancias conocidas con anterioridad. Tampoco sabemos que el modo de parir y las intervenciones perinatales influyen en el inicio de la lactancia. Una vía que se tiene durante mucho tiempo y aporta mucho líquido al cuerpo de la madre contribuye a edematizar los pechos, comprimiendo los conductos de salida de la leche. La medicación para el dolor impacta en los sentidos del bebé, lo adormila y le dificulta el inicio de la lactancia. Las acciones inmediatas sobre el bebé interfieren con el proceso de vínculo y evitan que el bebé dispare las conductas que llevan a la prendida espontánea al pecho, y sabemos hoy que un bebé que se prende espontáneamente va a tener menos dificultades en la lactancia. La cesárea y otras intervenciones retrasan la bajada de la leche y el dolor que provocan incomoda e interfiere con la lactancia.

Los primeros días nos enfrentan con rutinas institucionales que no favorecen el vínculo, invasiones a la intimidad por cuestiones de eficiencia y también por las buenas intenciones de las visitas que quieren conocer al bebé, la propuesta de la mamadera como la solución a las dificultades con la lactancia, todos obstáculos en la conexión bebé/teta/mamá.

Siguen las primeras semanas con el énfasis en el control de peso y el mal uso de las curvas de crecimiento, con el supuesto de que hay un "aprobado" en aumento de peso, el complemento con fórmula como respuesta a un aumento de peso "lento" o ausente, que nos llevan hasta  a cuestionarnos nuestra capacidad de maternar, si ni siquiera podemos hacer algo tan sencillo como darle la teta a nuestro bebé.

La publicidad de fórmula está en todas partes. En los consultorios, en las revistas, en la tele, en el supermercado. La tentación de tener la lata de leche en polvo o los envases de fórmula líquida "por las dudas" es enorme. La idea de que ante los problemas de lactancia la única (o la mejor, más fácil) solución es dar la mamadera está muy generalizada, porque la mamadera es "lo normal" y la teta es "lo ideal". ¿Quién vive una vida ideal? Nadie. Todos vivimos una vida "normal" y por lo tanto "lo normal" es más que aceptable, es lo que hay. Y sin embargo "lo normal" es la teta, la fórmula es un reemplazo para cuando no hay más opciones.

Si superamos el mes de lactancia y seguimos avanzando, nos encontramos con nuevas barreras. La vuelta al trabajo sigue siendo citada como uno de los motivos principales en el abandono de la lactancia materna exclusiva antes de los seis meses recomendados por la OMS. La presión familiar y social, producto de una ausencia de cultura de lactancia materna, muchas veces nos deja descolocadas, justificando el seguir amamantando ante los cuestionamientos externos. El desconocimiento sobre lactancia materna en el sector de cuidado (niñeras, escuelas infantiles, docentes, directivos y autoridades) nos expone a tener que explicar, por ejemplo, el envío de leche materna al centro de cuidado o el rechazo por parte de los cuidadores al manejo de la leche materna. Y siempre la publicidad presente, diciéndonos que la fórmula tal o cual hace a nuestros hijos más inteligentes e instalando la duda de si con la teta no estaremos dejándolos en desventaja...

Capítulo aparte merece el conflicto eterno e irresuelto entre el trabajo productivo y el reproductivo, imprescindible para que el sistema económico se sostenga pero invisibilizado y postergado por el mundo del empleo, como bien sabe toda madre ya sea que trabaje o no fuera de su hogar. Licencias por maternidad que duran menos que los seis meses de lactancia materna exclusiva recomendado por las autoridades sanitarias, horarios de trabajo incompatibles con los tiempos de los bebés y los niños pequeños, instalaciones inadecuadas para la extracción de leche y esa noción generalizada de que cualquier cosa que tenga olor a cuidado denota una ética de trabajo pobre.

Si pese a todo seguimos adelante, llegamos al año de lactancia y empiezan los cuestionamientos acerca de cuándo vamos a destetar a ese chico. "¿Vas a seguir dándole la teta hasta que vaya a la facultad?", "ya es agua", "es maña". Así la leche materna parece ser el único alimento que pierde sus nutrientes en una fecha mágica que varía de acuerdo a quien la pronuncie: 6 meses, 1 año, 2 años. La realidad es que la leche es nutritiva hasta la última toma, no importa cuándo sea, y  la edad de destete es una construcción cultural, alimentada por la sexualización de los pechos y la fiebre de la independencia que nos vende la sociedad moderna.

¿Entonces podemos decir que elegimos libremente cómo alimentar a nuestros hijos? ¿Se puede amamantar sin perecer en el intento? Claramente no somos del todo libres al elegir y es necesario que seamos conscientes de la existencia de éstas y otras barreras. ¿Cómo superarlas? Para empezar, saber es poder. La información de calidad, proveniente de organizaciones que promueven y alientan la lactancia materna, como la OMS, UNICEF, IBFAN, WABA y otras ONGs que trabajan seriamente y con base en la evidencia, es fundamental. Educarnos y educar a quienes nos rodean es el primer paso. Reconocer que en materia de lactancia y crianza la mayoría de la gente habla desde su experiencia y de alguna manera busca validar sus elecciones (porque todos queremos lo mejor para nuestros hijos...). Buscar profesionales de la salud formados en lactancia materna, que respeten y acompañen el papel de la familia en las decisiones relacionadas con la lactancia y la crianza. Conocer nuestros derechos y luchar para que se respeten y se amplíen. Tener la convicción de que cada familia es experta en sus hijos, nadie los conoce tan bien como quienes los crían. Sumarnos a grupos de lactancia y crianza para encontrar apoyo e información, así como experiencias compartidas con otras familias. Respetar las elecciones ajenas y exigir que se respeten las nuestras.

Así, conscientes, vamos a poder elegir con más libertad.


1. "Comparative Proteomics of Human and Macaque Milk Reveals Species-Specific Nutrition during Postnatal Development" J. Proteome Res., 2015, 14 (5), pp 2143–2157

V. Garea, IBCLC para el GALM Bariloche


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